Rehabilitación de problemas psicológicos y sexuales

Depresión (trastorno del estado del ánimo):

 

Es muy habitual cuando se ve a una persona triste presuponer que está deprimida o que “tiene una depresión”. Sin embargo, lo cierto es que existe una diferencia significativa entre la tristeza pasajera debida a un problema concreto (una situación personal complicada, por ejemplo) o a una situación de duelo (habitual tras la muerte de un ser querido o una ruptura de pareja), y la depresión clínica.

 

Uno de los criterios más utilizados es el criterio temporal (el problema debe estar presente durante un periodo de tiempo determinado para que se pueda considerar una depresión). También es necesario precisar que la depresión como problema psicológico comprende un cuadro de síntomas interrelacionados, entre los que se pueden incluir, además de la tristeza, otros muchos como la apatía, los pensamientos negativos, la baja autoestima, la anhedonia (incapacidad para disfrutar con nada), problemas de sueño (hipersomnia o insomnio), etc. En algunas personas puede que el síntoma principal o más destacable ni siquiera sea la tristeza, sino que la persona puede mostrar ira, enfado, o una baja tolerancia a la frustración.

 

En algunos casos, el trastorno del estado de ánimo puede ser de tipo bipolar, esto es, la persona alterna estados de ánimo deprimidos con fases de manía o hipomanía. Estos episodios de manía incluyen un conjunto de síntomas relacionados como pueden ser la irascibilidad, la euforia, la falta de control de impulsos, la hiperactividad sexual, los delirios de grandeza, etc.

 

El tratamiento de los problemas depresivos suele consistir en la aplicación combinada de la terapia cognitiva y la terapia conductual, esto es, se produce una intervención destinada a tratar las causas cognitivas (sustituir pensamientos negativos por pensamientos más realistas y positivos) y se complementa con el aprendizaje de conductas que faciliten la superación del problema. Todo esto se produce de forma sistemática y organizada.

Fobias específicas:

 

El término fobia se utiliza para referirse a reacciones de miedo desproporcionadas ante situaciones que en realidad no son tan amenazantes como para justificar dichas reacciones. Por norma general, este miedo suele llevar a la persona a evitar la situación temida, o bien a enfrentarse a ésta con un elevado grado de ansiedad o malestar. La persona no es capaz de ejercer un control voluntario sobre su miedo, aunque es consciente de que éste es irracional y exagerado.

 

En el caso de las fobias específicas el objeto o situación temida está claramente delimitado, ya que se circunscriben a un determinado tipo de estímulo como los animales, la oscuridad, la suciedad, los lugares elevados, etc. Por norma general no son particularmente incapacitantes para la persona, puesto que puede evitarlos con relativa facilidad.El tratamiento de las fobias específicas suele incluir técnicas de modificación de conducta como la desensibilización sistemática en imaginación y en vivo y técnicas de exposición.

Trastorno de ansiedad generalizada:

 

 

Las fobias específicas, la fobia social, las obsesiones y compulsiones, el trastorno de estrés postraumático y los demás problemas de ansiedad tienen en común que dicha ansiedad está asociada a un fenómeno concreto (p. ej.: ver una araña en el caso de la aracnofobia, dar una conferencia de trabajo en el caso de la fobia social, el temor a la suciedad en un caso de trastorno obsesivo-compulsivo, etc.) Sin embargo, hay otras personas que parecen vivir en un estado constante de ansiedad sin que haya en apariencia un motivo concreto para desencadenarla.

 

Son personas que se preocupan mucho y de manera constante por sucesos vitales de todo tipo: el trabajo, la familia, la salud, el futuro, etc. Esta preocupación es tan elevada que genera varios síntomas característicos como: inquietud persistente, dificultad para concentrarse, tensión muscular o fatiga, entre otras muchas. La diferencia entre las preocupaciones de la vida cotidiana (que en mayor o menor medida pueden provocarnos los mismos síntomas mencionados anteriormente) y un problema de ansiedad generalizada o preocupación excesiva, es que a la persona con el trastorno no solo le resulta muy difícil “desconectar” de sus preocupaciones, sino que además, éstas son mucho más intensas, perturbadoras y duraderas de lo que cabría esperar dada la situación real de la persona. De este modo, este estado de preocupación constante acaba por interferir en el desempeño diario de la persona o provoca un malestar muy intenso. Además, también es posible que a consecuencia de la ansiedad, la persona desarrolle ciertas dolencias físicas como: problemas gástricos, fatiga excesiva, inquietud motora, etc.

 

El tratamiento va enfocado especialmente al desarrollo de estrategias para afrontar la ansiedad más que tratar de eliminarla. Para ello se han demostrado efectivas las técnicas de exposición a las preocupaciones, técnicas de administración del tiempo, técnicas de solución de problemas y técnicas de relajación, además de las terapias cognitivas que ayudan a reinterpretar los pensamientos desadaptativos y su sustitución por otros que permitan a la persona hacer una vida normal.

Ansiedad Social (Fobia social):

 

 

El término fobia se utiliza para referirse a reacciones de miedo desproporcionadas ante situaciones que en realidad no son tan amenazantes como para justificar dichas reacciones. Por norma general, este miedo suele llevar a la persona a evitar la situación temida, o bien a enfrentarse a ésta con un elevado grado de ansiedad o malestar. La persona no es capaz de ejercer un control voluntario sobre su miedo, aunque es consciente de que éste es irracional y exagerado.

 

En el caso de la fobia social el miedo irracional está causado por una o más situaciones sociales en las que las personas están expuestas a la evaluación de personas desconocidas (o poco conocidas, que no pertenecen al ámbito familiar o al grupo de amistades, como los compañeros /as de trabajo, de clase, etc.). La persona teme ser evaluada negativamente por estas personas, a actuar de forma embarazosa o humillante ante ellas, o a mostrar síntomas de ansiedad y que los demás se den cuenta de ello.

 

Este miedo puede conducir a que la persona intente evitar aquellas situaciones de interacción social que le producen temor, aunque como esto suele ser muy difícil, pueden usar formas más sutiles de evitación, como puede ser estar en ese entorno pero interaccionando lo menos posible, tratando de mantenerse al margen (sentarse en lugares apartados, no hacer preguntas en las reuniones, eludir ser el centro de atención, etc.).

 

En otras ocasiones la persona con fobia social teme que la observen cuando realiza diferentes tareas cotidianas como comer, viajar en autobús, etc., especialmente cuando el sujeto se siente ansioso. Les preocupa que les vean desmayarse, parecer enfermo, ponerse colorados /as o temblar y que los demás lo noten.

 

El tratamiento cognitivo-conductual para este tipo de fobia suele incluir técnicas cognitivas para modificar las creencias irracionales, así como técnicas conductuales como la exposición y entrenamiento en habilidades sociales.

 

Problemas de erección (disfunción eréctil):

 

Los problemas de erección (disfunción eréctil/erectiva o "impotencia") son aquellos que afectan al hombre durante la fase de excitación. Un hombre padece de disfunción eréctil cuando no logra alcanzar o mantener la erección del pene el tiempo suficiente como para realizar el coito, siempre y cuando esta circunstancia se mantenga o se repita con cierta frecuencia y produzca ansiedad en el hombre. Dado que la fisiología de la erección implica la relajación del organismo, no es infrecuente que muchos hombres hayan padecido en alguna ocasión este problema.

 

 

En la gran mayoría de las ocasiones esta circunstancia es una experiencia fortuita y poco común en el hombre y suele asociarse a estados de embriaguez, consumo de drogas, cansancio, nerviosismo o cualquier otra circunstancia esporádica. Ciertas condiciones médicas pueden producir esta disfunción. No obstante, también son muchas las causas psicológicas y sociales: los sentimientos de miedo o vergüenza, la culpabilidad, los problemas de pareja, la falta de habilidades de comunicación, el aburrimiento con las relaciones sexuales actuales, etc. pueden explicar la disfunción eréctil.

 

 

El tratamiento, siempre y cuando el problema no derive de una causa orgánica, será el de informar al paciente, desculpabilizar, fomentar la vivencia de sus relaciones sexuales como algo relajado y divertido y no como algo estresante, la mejora de la relación de pareja, etc.