Trastorno de ansiedad generalizada

Trastorno de ansiedad generalizada:

 

 

Las fobias específicas, la fobia social, las obsesiones y compulsiones, el trastorno de estrés postraumático y los demás problemas de ansiedad tienen en común que dicha ansiedad está asociada a un fenómeno concreto (p. ej.: ver una araña en el caso de la aracnofobia, dar una conferencia de trabajo en el caso de la fobia social, el temor a la suciedad en un caso de trastorno obsesivo-compulsivo, etc.) Sin embargo, hay otras personas que parecen vivir en un estado constante de ansiedad sin que haya en apariencia un motivo concreto para desencadenarla.

 

Son personas que se preocupan mucho y de manera constante por sucesos vitales de todo tipo: el trabajo, la familia, la salud, el futuro, etc. Esta preocupación es tan elevada que genera varios síntomas característicos como: inquietud persistente, dificultad para concentrarse, tensión muscular o fatiga, entre otras muchas. La diferencia entre las preocupaciones de la vida cotidiana (que en mayor o menor medida pueden provocarnos los mismos síntomas mencionados anteriormente) y un problema de ansiedad generalizada o preocupación excesiva, es que a la persona con el trastorno no solo le resulta muy difícil “desconectar” de sus preocupaciones, sino que además, éstas son mucho más intensas, perturbadoras y duraderas de lo que cabría esperar dada la situación real de la persona. De este modo, este estado de preocupación constante acaba por interferir en el desempeño diario de la persona o provoca un malestar muy intenso. Además, también es posible que a consecuencia de la ansiedad, la persona desarrolle ciertas dolencias físicas como: problemas gástricos, fatiga excesiva, inquietud motora, etc.

 

El tratamiento va enfocado especialmente al desarrollo de estrategias para afrontar la ansiedad más que tratar de eliminarla. Para ello se han demostrado efectivas las técnicas de exposición a las preocupaciones, técnicas de administración del tiempo, técnicas de solución de problemas y técnicas de relajación, además de las terapias cognitivas que ayudan a reinterpretar los pensamientos desadaptativos y su sustitución por otros que permitan a la persona hacer una vida normal.